Actualmente, la mayoría de los anuncios que aparecen en televisión están relacionados con las nuevas tecnologías. Un coche, por ejemplo, nos parece más atractivo si tiene incorporados nuevos aparatos, como por ejemplo un navegador o una conexión inalámbrica con el reproductor de música del móvil. Cada mes aparece ante nosotros un nuevo aparato, con funcionamiento y aplicaciones nuevas. Incluso han ideado un software móvil que nos permitiría abrir la puerta de nuestra casa simplemente acercando el teléfono a la cerradura electrónica.
El rápido crecimiento que están teniendo las tecnologías de nuestro tiempo no tiene por qué ser perjudicial en sí mismo. Es cierto que a veces nos cuesta adaptarnos, pero -aunque no queramos hacerlo- siempre terminamos adquiriendo el nuevo dispositivo a causa de la presión social. Y no es algo negativo, en principio.
Pongo un ejemplo personal: cuando se empezó a extender el uso de la aplicación Whatsapp yo me resistía a tenerla, más que nada porque es una aplicación que necesita conexión a Internet y yo no quería un móvil con Internet. Pero cedí, simplemente porque todos mis amigos tenían grupos y conversaciones mediante los cuales se hacían planes de forma muy rápida. Ahora me costaría muchísimo vivir sin Whatsapp, y no me gusta. Soy consciente, además, de que me quita tiempo de estudio y me desconcentra.
Tiempo que podría emplear leyendo, lo gasto atendiendo a las conversaciones del móvil, y no sólo eso, sino que también está el correo, Twitter e Instagram. A casi todos nos pasa, y todos somos conscientes en mayor o menor medida, pero nadie se decide a deshacerse de ello.
Otro tema importante es la disminución de capacidad para afrontar texto de ideas complejas. Yo creo que no hay una relación directa. Si una persona se decide a ponerse delante de un escrito de cierto nivel para analizarlo y sacara una conclusión, lo hará. Pero, claro, ¿hay algo que nos impida decidirnos a hacerlo? Sí. Cuando comemos, cuando vamos en el autobús, en clase, en el cine, en el bar...en todos lados están sonando de forma continua pitidos de móviles avisando a sus dueños de que alguien los reclama. Y, si no, somos los propios dueños quienes comprobamos constantemente que no hay nadie a punto de morir que nos pide ayuda a través del chat. Es decir, que para poder concentrarse en cualquier tipo de ensayo o artículo necesitamos, primero, hacernos a la idea de que el móvil hay que dejarlo fuera de la habitación.
Todo esto, que es algo casi palpable (sólo hay que salir a la calle y observar), no tiene nada que ver con hechos anteriores a la aparición de los medios visuales e Internet. En mi opinión, el desarrollo de la escritura es algo importantísimo para nuestra especie. De no ser por ella, hoy no podríamos conocer nada acerca de, por ejemplo, la vida de la sociedad en cada época. Un ejemplo destacable con relación a este asunto es el de las pocas mujeres escritoras a lo largo de la historia. Quizás alguna, con mucha dificultad, consiguió escribir y conservar su obra, que ha llegado a nuestros días. Pero si intentamos saber detalladamente acerca de su vida, la dificultad es enorme, y más enorme aún si comparamos su autobiografía con las de un hombre escritor. Es importante dejar por escrito todo cuanto podamos.
Con la aparición de la imprenta, el texto se hizo más accesible a las personas de distintos niveles, dejando que el desconocimiento disminuyese y siendo, poco a poco, menos manipulables (¿seguro?). El asunto de Internet, quizá, no podamos observarlo aún con demasiada perspectiva.
En conclusión, sería bueno y provechoso que nosotros y los de arriba hiciésemos un buen uso de la gran cantidad de posibilidades que nos ofrecen las nuevas tecnologías. En mi opinión, no es eso lo que está pasando, sino, en general, todo lo contrario. Quizá sería necesario volver al punto cero para volver a empezar...

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