
“En el momento en el que dos personas se entienden, se ve cómo una lengua es un instrumento válido”. Es algo que a veces parecen no entender algunos defensores de las “leguas importantes”. Por ejemplo, el filólogo Fernando Lázaro explica que un idioma es más o menos importante según la demanda que se tenga de él a nivel mundial. Gregorio Salvador, por su parte, afirma que el lengua no sirve como seña de identidad en absoluto, y que lo mejor que puede sucederle a un hablante es adoptar una lengua grande.
Soberbia y poco sentido común es lo que, en mi opinión, demuestran todos estos estudiosos que parecen no tener en cuenta la riqueza que cada lengua desarrolla por sí misma a lo largo de los años. De todos modos, no es de extrañar que en un mundo como el de ahora apenas se tenga en cuenta todo lo que no sea estrictamente funcional. Qué importancia puede tener que, por ejemplo, en un pueblo como el mío sigamos usando expresiones que usaban nuestros tatarabuelos (como “Estás quebrao”) si podríamos decir lo mismo usando palabras correctísimas y elegantes (como “Qué buena suerte tienes”).
En el documental dirigido por Miguel Ángel Nieto, “El último sefardí”, vemos cómo los sefardíes (descendientes de los judíos hispano-portugueses que vivían en la península ibérica hasta que fueron expulsados en 1492) se afanan por mantener su lengua, el judeo-español, mediante actividades, como grupos de música donde cantan canciones populares de su cultura (a veces sin entender qué dicen), grupos de teatro donde representan fiestas sefardíes... Vemos así el gran valor que su lengua representa para ellos.
Menospreciar una lengua es humillar a sus hablantes y demostrar un desconocimiento e insensibilidad enormes. Además, es algo realmente peligroso en mi opinión, pues lo mismo que se desprecia una lengua podría despreciarse una etnia o comunidad, como ha ocurrido a veces a lo largo de la historia.
El afán simplista de quienes celebran la pérdida de las distintas lenguas ajenas a los procesos económicos y políticos del mundo “desarrollado”, así como a otras que están dentro de este mundo, es uno de los lastres que han ido surgiendo con el proceso de globalización.
