El problema es que los firmantes en defensa de la lengua común parten de una noción equivocada: la de que el español está perjudicado y en una situación de inferioridad con respeto a las otras lenguas estatales. Además, incorporan una serie de exageraciones acerca de los problemas que los hablantes del español encuentran en las comunidades bilingües.
En mi opinión, estoy de acuerdo con lo que diría el poeta Antonio Gamoneda, y es que son los hablantes de otros idiomas cooficiales los que tienen que hacer un gran esfuerzo por defender algo tan legítimo como poder expresarse en su lengua materna. Juan Marsé Carbó, novelista español de origen catalán, entendía como una gran riqueza el hecho de la convivencia entre dos lenguas y dos culturas en Cataluña.
En mi opinión, el afán centralista que rodea a la discusión acerca de las distintas lenguas de España es un lastre. Nunca he visto un gran problema en entablar comunicación con cualquier hablante de lengua extranjera. Con catorce años llegué a pasarme una semana entera comunicándome con un turista ruso mediante un poco de inglés y gesticulación.
Más que un problema, me parece algo positivo el hecho de que en las comunidades bilingües se practique indistintamente el español o el euskera/gallego/catalán. Además, nunca hay que olvidar que quienes deben decidir qué lengua hablar no son los catedráticos, profesores, periodistas o políticos, sino los hablantes.
